miércoles 17 de agosto de 2011
Parte I: Hexagonal
- Me sorprendes, a veces creo no reconocerte. -Musitó su padre-.
Ella, que de pequeña bebió de la afición de su papá por el cine codificado, y en la adolescencia heredó de su mamá ese placer fetichista de bañarse entre aromas viriles de grandes marcas, lo observó desde el silencio como si nada tuviera que ver con ella. No fue su mejor mentor, tampoco lo fue ella. Exultante en su sillón de látex rojo, lo miró entre el desprecio y la ignorancia de quien se sienta en una sala de espera, y espera y espera.
- Llevas minutos callada, sigues sin hacer nada en tu vida que merezca la pena. –Segunda reprimenda-.
Ella siguió sin darle importancia alguna, sus reproches dejaron de ser afilados cuando le sorprendió divirtiéndose consigo mismo mientras veía una serie de dibujos animados. De pronto se cuestionó si ello dejó daños colaterales. Por supuesto, nunca más volvió a ver más ‘El pájaro carpintero’.
-Ayer te vi con un hombre mucho mayor que tú, incluso diría que tenía más años que yo. -Tercera reprimenda-.
Analizó su expresión, no estaba lo suficientemente congelada, no era lo suficiente autocastigadora, era simple semblante absorto que no se preguntaba qué clase de ser había educado. A punto de desenfundar el cuchillo verbal, le dejó continuar; su gesto indicaba un nuevo brote de palabras.
-Tienes 28 años, tienes la cabeza sin amueblar. -Cuarta reprimenda-.
-Seré sutil. Digamos que mamá y tú me dejasteis una cabeza de distribución hexagonal.
Continuará...
Soledad y un verso
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