
Rondaban los 80. Paula y sus padres se mudaron a un pequeño piso de alquiler. Tenía una renta baja y una horrible vajilla. A la niña siempre le gustó mirar a través de los vasos que había en la cocina y ver más allá de las tremendas cristaleras. Era entonces cuando su entorno se distorsionada y adquiría una geometría provocadora; al poco tiempo se mudaron. Cuando cumplió los siete años, Paula visitó al oculista y el especialista le encontró una “hipermetropía de caballo”. De la óptica salió con unas gafas de gruesos cristales; sus ojos eran tremendos.
5 comentarios:
lástima de ojos encerrados en una armadura de cristal, sólo le permitirá ver una realidad, espero que continue distorsionando lo concreto, aunque sea a través de la filigrana de un cristal, o al despojarse de sus gafas de culo de vaso...
cris.
A mí personalmente me gustan los culos de vaso, será porque a través de ellos siempre se ve una realidad más redondeada. Odio las esquinas.
Emocionan las palabras que mezclas con imágenes.
Un regalo!!!
Abrazos
Teresa
Hola Teresa, un placer que pases por estos lares, en especial por tus comentarios; se agradece. Te mando un recado, ya que tú eres 'poderosa': Dale caña a Gloria que quiero una foto suya antes de que se marche a Dubai.
Otro abrazo para ti!
Muchísimas gracias por tu visita y por las palabras que dejaste en mi blog.
Un saludo.
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