Le gustaba el alcohol, siempre servido en grandes dosis. Lo combinaba con tabaco negro, que en ocasiones era vestido con otro tipo de sustancias. Desde los veinte años sus cumpleaños siempre los celebró en la ‘suite’ de un conocido hotel, a solas; nunca le gustaron las grandes celebraciones. En su cincuenta aniversario, mientras se encontraba en el baño, alguien picó a la puerta. Sigilosamente arrimó su oreja para escuchar quién se hallaba tras ella. Esperó un rato, y no consiguió oír nada. Cuando se alejó, unos pasos se fueron disipando por el pasillo. Era él, que nunca se dio por vencido. Cuando dobló la esquina, se desprendió de sus miedos y dijo “entra”. Ella tardó catorce años en dar el paso; él siempre fue a verla cada 15 de marzo.Soledad y un verso
4 comentarios:
Más vale tarde que nunca, dicen.
Pues un día después del cumple de Martina
-Laleydelmal, yo siempre llego tarde pero llego; es por culpa de la indecisión, que sí que no que sí que no...
-M! Ya he visto fotos de Martina, me la tienes que presentar lo más pronto posible, no vaya a ser que cumpla la mayoría de edad y ya no haya quien la pille en casa. Contigo los años pasan de San Mateo en San Mateo
Muchas gracias por tu visita y por las palabras que dejaste en mi blog.
Un abrazo.
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