viernes, 24 de abril de 2009

Morir con ella

Los sábados siempre acudió a tomar café solo, con la única compañía de un desgastado lapicero y un gorro que caía levemente por sus cejas. Las ideas comenzaban a brotar por su cabeza nada más que observaba ese rincón; ese maldito lugar que hacía de su imaginación un lugar de ricos escombros que componían la mejor de las historias. Amores imposibles, objetos llenos de poesía, sentimientos pincelados de costumbrismo, de lo absurdo, de todo aquello que a él le hizo aprender noche tras noche y café tras whisky. La mejor de sus historias nunca salió de su cabeza; prometió morir con ella.
Soledad y un verso

4 comentarios:

Martín Schmitt dijo...

Las 5.05. Buena hora para despertarse. Besos F!

Extraviada dijo...

No sé que me da que en este asunto algo tiene que ver Martina...

Anónimo dijo...

Para mi,eres especial.
T.Q.

Siempre yo.

Erriox dijo...

Hola loca, pero qué cosas tan bonitas escribes. Un besote.