Habían pasado 20 años desde que vio por última vez aquella casa y esas escaleras que, a modo de estantería, seguían levantadas para abrir la memoria. A sus pies las miró y halló en ellas sus primeras experiencias con lo prohibido; un pajar en llamas y las primeras cerillas en sus manos. Una familia envuelta en cólera y un rincón donde refugiarse. Ahora toda esa vida había muerto y eran meros recuerdos. Ahora aquel lugar estaba más que enterrado, como aquellos zapatos, curiosamente clasificados.Soledad y un verso
3 comentarios:
Te entiendo ;)
Un besito
Los amigos, los buenos, hacen levantar nuevas estanterías en las que clasificar buenos recuerdos. Recuerdos con vida que,aunque nunca sustituirán a los de hace 20 años,resurgen para despertar tu sonrisa.
Siempre yo.
Te da mucho juego esa casa a la que vuelves de vez en cuando, que imágenes más chulas construyes...
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