
Su oído derecho se había atrofiado tanto que una mala mañana dejó de escuchar el galopeo de los tacones rojos de Chari, su vecina del primero. Su vida era poco más extensa que aquellas cuatro paredes rellenas de bolsas de basura, otras de ropa ajada y demás indescriptibles utensilios que sus amigos, “los moros”, le surtían cada tarde. Él, el extraño sin nombre, el hombre del gorro viejo y gris, el anciano de mal sufrido síndrome de Diógenes, hoy no se ha dejado ver a las puertas de su tienda de mercancías ajenas. A la entrada, seis bolsas y una maleta se hallan a la espera del control de aduanas. -Dedicado a mi vecino de abajo que tantas buenas tardes me regala a través de la ventana-.
Soledad y un verso
6 comentarios:
Voyeur!
Eres una artista. No me quiero imaginar el día que estés inspirada.
Un besazo rubia
Antes un cojo. Ahora un sordo. A ver el próximo.
Síndrome de diógenes...recuerdo a alguien que se sentaba en televisores entre basura...
Eres una genia, F! Bien me vendría estar sordo para no escuchar a mi vecina todos los días a las tantas de la madrugada (7.30 más o menos). Besos
Extraviada, que la buena suerte sea la protagonista de tu vida y la musa de las líneas que escribes con tu rica pluma. Te lo mereces. TQ.
Siempre yo.
Cabecita rubia retorcida... ¿Qué te pasa que no actualizas?
Ayer al final no hablamos, ¿vienes este fin de semana?
Besukos
-Gloria, de veras que no estoy nada inspirada, me faltan motivaciones, aunque este fin de semana intentaré poner, por fin, remedio
-laleydelmal, el próximo otra sordA, que podía ser tú, OÍDO IZQUIERDO
-Yo te recomiendo tapones, yo tengo unos vecinos de espanto. No veas que mal han hecho los home cinema
-Siempre yo, dónde está???? La suerte, digo
Publicar un comentario en la entrada